El joven José comenzó muy pronto a entender que todo lo que le había sucedido era algo muy importante que Jehová-Dios tenía para él. En lo más profundo de su corazón había perdonado a sus celosos hermanos, y la maldad que se había apoderado de ellos. Lo único que lo entristecía era el recuerdo de su anciano padre. El sabía que aquel gran cariño de su padre hacia él, había culminado en la separación y en la mala acción que cometieron sus celosos hermanos.
Potifar su nuevo amo, a pesar de que él era de costumbres paganas, vio que Jehová-Dios prosperaba todo lo que el joven José hacía. Así de esta manera halló gracia ante él y le confió su casa haciédole mayordomo. Poco tiempo después le dio más poder y le entregó todo lo que poseía, para que el joven José administrara todos sus negocios. Aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición se extendió sobre otras riquesas que tenía también en el campo.
El joven José había aprendido por medio de su padre, a tener una comunión constante con Dios. Esto lo ayudó siempre en momentos de tomar decisiones, y aun más cuando las tentaciones se hacían presentes. La mujer de Potifar puso los ojos en José, y le dijo: Duerme conmigo. Y él contestó a la mujer de su amo: “He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en su casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer ; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra mi Dios.” La contestación de José fue clara, devido a la fidelidad que le tenía a su amo, y también a Jehová-Dios.
La mujer de Potifar continuó acosando a José cada día, pero siempre encontró la misma respuesta a sus intenciones. No obstante, aprovechó la oportunidad para hacerlo caer, un día que llegó él a la casa para hacer su acostumbrado oficio; no había nadie de los de la casa allí. Entonces ella logró quitarle algunas prendas de su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces José dejando aquellas prendas suyas en manos de ella se marchó. Cuando vio ella que le había dejado parte de su ropa, llamó a sus siervos y les dijo: Mirad, ese hebreo trató de burlarse de nosotros. Vino a mí con intenciones de acostarse conmigo, y yo dí grandes voces; y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyendo salió. Esto mismo contó a su señor cuando regresó a casa. Potifar se disgustó tanto, que envió injustamente a José a la cárcel, no pudiendo él darle una explicación alguna de lo sucedido.
Cuando una persona le es fiel en todo al Señor, siempre va a recibir su Santa Ayuda. Pero Jehová-Dios estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia ante el jefe de la cárcel. “Entonces el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión.” Además todo lo que se hacia en aquella prisión, José lo hacía; el jefe de la cárcel no necesitaba atender absolutamente nada de lo que estaba al cuidado de José, porque Jehová estaba con él, y lo que él hacía, Jehová-Dios lo prosperaba.